Déjà vu en Lisboa

En el Miradouro da Senhora do Monte, una de las numerosas atalayas que contemplan la ciudad de las siete colinas, podía leerse hasta hace poco una frase efímera que resumía bien la impresión que esta urbe, en la desembocadura del río Tajo, acostumbra a causar entre sus visitantes y afortunados moradores: Que amor é este que me faz ir e voltar, Lisboa?

Salamanca sí presta

Por alguna razón, mis veranos siempre han tenido cierto regusto a conclusión, a mudanza. Así, la circunstancia casual de cumplir años en otoño ha dado pie a que, durante un tiempo considerable, la celebración de dar una vuelta más al sol me haya pillado casi siempre lejos de casa. Auspiciado por mi tendencia involuntaria al nomadismo, el festejo de un año más a finales de noviembre solía pillarme aún en pleno proceso de construcción de una nueva red de interacción social, que viniera a llenar el vacío que la distancia y lo anquilosado de las conversaciones por móvil y Skype no conseguían llenar.