Chicago, ave fénix de Illinois

A orillas del lago Michigan, inmenso como el mar, se erige la tercera ciudad más grande de Estados Unidos.  Conocida como el ‘Malibú del Medio Oeste’ en verano, se convierte en la ‘ciudad del viento’ en cuanto agosto se despide. Punto de partida de la icónica Ruta 66, Chicago ha visto pasear entre sus calles a Ernest Hemingway o Al Capone, siendo hoy residencia permanente del primer presidente afroamericano de Norteamérica, Barack Obama.


El terrible incendio de 1871, lejos de convertir la ciudad en un montón de cenizas, ofreció el escenario perfecto para transformar Chicago en musa de los sueños arquitectónicos de Frank Gehry o Mies van der Rohe. Cuna del rascacielos, la ‘ciudad del viento’ alberga los dos más altos de Estados Unidos: la Willis Tower y el John Hancock Centre. Una de las pocas ciudades norteamericanas, junto a Nueva York y San Francisco, en la que se puede vivir sin coche.

Quizás Chicago sea una de las pocas ciudades estadounidenses que puede presumir sin tapujos de su transporte público. El metro funciona con eficiencia y, a diferencia de lo que sucede en algunas ciudades de la vieja Europa, los trenes de la ‘ciudad del viento’ no recorren vías subterráneas; estas se integran con familiaridad en la vía pública, dando al viajero la oportunidad de disfrutar de una panorámica de su impresionante arquitectura sin moverse del asiento, especialmente si se toma alguna de las líneas (marrón, amarilla o naranja) que circundan el Loop, distrito financiero de Chicago y emplazamiento de rascacielos tan emblemáticos como el Marina City (las ‘mazorcas’ de Chicago) o la poco discreta Trump Tower, propiedad de Donald Trump, multimillonario y opositor confeso de la administración Obama. Quizás las tarifas del metro resulten disuasorias para su uso continuado por parte de los locales, pero aquellos que solo están de visita pueden obtener un pase ilimitado de 3 días por 14 dólares.

Si llegamos a Chicago bien entrada la tarde, digamos que un viernes, con buena disposición y nostalgia de tapas y buen vino, no hay lugar mejor que el Café Ba-ba-reeba!: pintxos, jamón del bueno y hasta flamenco. Todo lo español que se puede ser en Chicago; con una de esas atmósferas de estética cuidada que parecen sacadas de una escena de Woody Allen: Vicky Cristina Barcelona, esta vez con frío y sin Javier Bardem; aún así, la experiencia merece la pena. En la misma zona, Lincoln Park, al norte de la ciudad, se encuentra el Chicago Getaway Hostel, un hostal que bien podría ser un hotel, con una localización perfecta como punto de partida para recorrer la urbe.Para empezar la mañana del sábado, el Intelligentsia CoffeeSconescroissants, chocolate y, sobre todo, granos de café recién tostado que se procesan con mimo artesano. Muy cerca de aquí se encuentra el Millennium Park, localización de la emblemática ‘judía’ del artista indio Anish Kapoor, bautizada originariamente como la ‘Puerta de la Nube’; una enorme escultura de 98 toneladas cuya superficie de acero pulido refleja el contorno de los edificios que la rodean, espejo curioso del visitante que se acerca a contemplarla.

Al otro lado de la calle, un edificio neoclásico alberga el Art Institute of Chicago. Remodelado en el 2009 con un diseño contemporáneo a cargo de Renzo Piano, es uno de los lugares de visita obligada a nuestro paso por la ciudad. Cézanne, Renoir, Gauguin, Van Gogh, Lautrec o Seurat. Sin contar el parisino Musée d’Orsay, es casa de una de las colecciones de pintura post-impresionista más extensas del mundo.Uno de los mejores lugares de la ciudad para dar la bienvenida al ocaso es el Skydeck de la Willis Tower, la más alta de Estados Unidos. Menos popular que el John Hancock Centre hasta 2009, año de la inauguración del Ledge, dos cajas de cristal incorporadas a la estructura del rascacielos, en el piso 103; obra del mismo estudio arquitectónico que se encargó del diseño del Skywalk del Gran Cañón, en Arizona. 

Para terminar el fin de semana, desayuno de domingo en Elly’s Pancake House, comida casera, colores pastel y una atmósfera vintage que recuerda a aquel café que regentaban Ruth e Idgie en Tomates verdes fritos. Si el día es soleado, un crucero por el río Chicago es una buena forma de despedirse de la ciudad. En el Navy Pier son numerosas las compañías que amarran sus embarcaciones a disposición del viajero, ofreciendo recorridos que navegan por el lago Michigan o se internan en la vorágine arquitectónica del ‘Malibú del Medio Oeste’, ave fénix de Illinois.

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