Streets of Philadelphia

Philadelphia, mi puerta de entrada a los Estados Unidos; de eso hace ya más de dos meses. Acordes de Bruce Springsteen que se convierten en la banda sonora de un viaje que empieza en la quinta ciudad más grande de Norteamérica, ‘la pequeña gran urbe’ para sus habitantes, extrañamente tranquila en su inmensidad.


En el estado de Pennsylvania, situada entre Nueva York y Washington D.C., ‘Philly’, como la conocen los que la transitan con frecuencia, fue la primera capital de Estados Unidos. Aquí se firmó la Declaración de Independencia, un 4 de julio de 1776. Quedaba inaugurado el ‘sueño americano’.

Philadelphia desde la University of Pennsylvania

Benjamin Franklin, ese presidente norteamericano cuyo rostro aparece en mis poco frecuentados billetes de 100 dólares, es un nombre que no puede omitirse cuando se habla de Philadelphia. Presencia omnipresente en varios rincones de la ciudad, fue una figura fundamental en la firma de la Declaración de Independencia, un ya lejano 4 de julio de 1776. Desde entonces, a lo largo y ancho de EE.UU. se festeja el Independece Day, inevitable fiesta nacional y menos reconocido título de una película de 1996 protagonizada por Will Smith, hijo pródigo de ‘Philly’.

Si visitamos Philadelphia con una urgencia curiosa, un lugar que no hay que perderse es el Philadelphia Museum of Art, uno de los museos más grandes de EE.UU. Puede que las prisas nos impidan disfrutar de los más de 227.000 objetos que alberga este edificio de inspiración griega, pero no hay excusa que evite el recorrido entusiasta de las escaleras que conducen hasta su entrada, peregrinación obligada para amantes y detractores de Rocky Balboa, cuya estatua se erige a los pies del museo. Muy cerca de esta zona, en la avenida Benjamin Franklin, encontramos el Museo de Rodin; si bien pequeño, acoge la mayor obra del escultor fuera de Francia.

Puente Benjamin Franklin sobre el río Delaware

Old City, el ‘casco antiguo’ de Philadelphia, reparte pedazos de historia a cada paso. Un epicentro en el que se sitúa el Liberty Bell Center, que guarda la campana que un día tañera en ‘Philly’ para proclamar “la libertad en todas las partes de toda la tierra”. Cerca de esta milla histórica se encuentra el pequeño Elfreth’s Alley, una de las calles residenciales más antiguas del país, retrato atemporal de la Philadelphia de la época colonial. Si queremos recorrer a pie la zona, una buena opción para pasar la noche es Apple Hostels, un hostal que ofrece todo lo bueno que puede esperarse de un alojamiento de esta características, desayuno incluido. El único inconveniente: portear nuestro equipaje de 25 kg. de peso a través de la angosta escalera con destino al cuarto piso (entiéndase, sin ascensor) puede convertirse en una tarea digna del más avezado de los sherpas.

Elfreth’s Alley

Hay muchas cosas admirables en Estados Unidos, solo que una de ellas no es la gastronomía, al menos no la autóctona. Sin embargo, el Reading Terminal Market de Philadelphia es un paraíso terrenal para los foodies (ese término inglés que emplean los hipsters para referirse a los amantes del buen yantar de toda la vida). Un universo culinario resumido en un mercado con más de 80 puestos llenos de olores, colores y sabores de diversa procedencia, de California a Nueva Zelanda, y que podemos disfrutar por 7 dólares o menos. 


Finalmente, no deberíamos abandonar Philadelphia sin visitar el emblemático LOVE Park, así denominado por la conocida escultura del artista norteamericano Robert Indiana que se erige en el centro de la plaza, adoptada como emblema por los skaters de todo el mundo. Paradójicamente, aun tratándose de uno de los mejores lugares del mundo para practicar este deporte, en 2002 Philadelphia prohibió el skateboarding en la zona. En señal de protesta, el arquitecto del LOVE Park, Edmund Bacon (padre del actor Kevin Bacon), cogió su patinete y se lanzó a la pista contraviniendo las normas establecidas por bando municipal.  Recibió la multa correspondiente a la infracción y lo enviaron de vuelta a casa; una anécdota que no tiene nada de especial si pasamos por alto el hecho de que, por esas fechas, Edmund Bacon cargaba 92 años a sus espaldas. El skateboarding sigue siendo una práctica prohibida en esta zona de Philadelphia, pero este hombre admirable, que falleció en 2005, estará siempre vivo en la memoria de ‘Philly’, que lo recuerda con una placa conmemorativa situada para siempre en la ‘plaza del amor’. 

LOVE Park

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